Normalizando la tragedia

imagen: KC Green.

Si hoy te dijeran que hay incendios en las Amazonas o Australia… ¿qué pensarías? ¿qué harías?
¿Lo publicarías de inmediato en tus redes?
¿Buscarías y promoverías sitios web de organizaciones de ayuda para donar?
¿Organizarías una colecta para la Cruz Roja?

¿Crees que la gente reaccionaría igual de alarmada que el año pasado?

¿Y si vuelve a suceder en el 2021?

¿Porqué, si una tragedia sucede dos o más veces, ya no nos afecta tanto y no lo vemos como algo alarmante?

Cada año en California hay incendios forestales que son cada vez más voraces. Pero desde que vivo en Tijuana hace 20 años, la noticia de incendios regresa en verano y otoño por el clima seco y los vientos de Santa Ana. Cada temporada llegan más grandes y van ya algunos años que vemos el cielo pintarse de tonos naranjas y grisáceos, que encontramos ligeras capas de ceniza cubriendo las superficies. Pero salgo a la calle y veo a todos tranquilos siguiendo sus actividades diarias como si yo fuera la única que lo ve. Me conecto a las redes, y solo las cuentas de noticieros (principalmente de California) dan seguimiento a lo que sucede, mientras que los normales como tú y yo seguimos dando scroll a nuestro facebook o instagram.

Cuando un suceso así de grave se repite, la gente deja de inquietarse, porque…

ya no es novedad, no es raro… ya ha pasado y así como ocurrió antes, las cosas se van a calmar sin que tengamos que hacer nada y pasará el alboroto“.

Ya no es noticia nueva. Si lo compartimos en redes ya no nos veremos como personas informadas de la actualidad y con espíritu de lucha y compromiso generoso. Porque… pues eso ya pasó antes. No queremos aburrir a nuestros contactos con algo repetido. Ya ayudamos aquella vez, no vamos a andar haciéndolo cada año que haya un incendio o se inunde un pueblo. Y aunque entiendo que no podemos donar 500 pesos a todas y cada una de las causas en el mundo, el pensar “ya ayudé la otra vez” nos da una sensacion de tranquilidad y nos libera de responsabilidad alguna o compromiso moral de ayudar.

Esto pasa también con la crisis climática y sus consecuencias. Vemos cómo los fenómenos ambientales cada vez son más frecuentes, más grandes, más devastadores… pero después de unos momentos de exclamar “¡que feo!” seguimos con naturalidad nuestra rutina sin dedicarle más de 2 minutos de nuestro pensamiento. Seguimos sin darle vueltas al asunto, no invertimos más preocupación en ello, digo, no queremos que nos provoque ansiedad, y el estrés es muy malo para la salud, ¿no?

Así que pensamos “así pasa” y seguimos como si nada, “no se puede hacer nada“. No nos ponemos a pensar las causas de tal suceso y cómo podemos, no solo detenerlo por ahora, sino resolver de raíz el problema para evitar que vuelva a surgir.

No hay alarma. No hay miedo. No hay preocupación. No hay análisis. No hay intención de cambio. Es como si normalizaramos la tragedia.

Los efectos de la crisis climática ya no son sútiles y que pasan poco a poco. La naturaleza nos está gritando salvajemente a la cara de manera evidente y de todas maneras posibles que tenemos un gran problema en las manos y sin embargo seguimos tapando nuestros oídos y viendo hacia el infinito con la mirada perdida mientras decimos “¡Qué loco! ¿no? ¿Porqué será que sucede eso?

Nos desensibilizamos con la extinción diaria de especies, con la escasez de recursos naturales y vitales en comunidades menos privilegiadas, con la disminución de la calidad de salud de otras personas, aquellos que no conocemos, con la deforestación, erosión y falta de alimento de regiones ajenas, con el sufrimiento de una muerte lenta de miles de animales provocada por la invasión de su hábitat por el ser humano.

Al ser problemas que existen desde hace tiempo y se repiten cada vez más seguido, en lugar de alertarnos más porque suceden con mayor frecuencia, lo aceptamos y normalizamos la tragedia. ¡Siendo algo absurdo y contrario al sentido común! Pues al ver que algo negativo va creciendo y acelerándose… ¿no deberíamos detenernos a analizar porqué sucede y atacar de fondo el problema para que ya no vuelva a acecharnos, en lugar de solo ponerle un parche?

Es momento de romper con esa visión corta y falta de caridad que solo nos deja ver y preocuparnos por lo que pasa en nuestro círculo de 3 metros de diámetro. Dejar de pensar que lo que pasa en otras partes o a otros seres vivos no nos afecta, ya que la realidad es que todos compartimos este mismo planeta, nos guste o no. Los cambios en un ecosistema repercuten en el clima de todo el planeta. Y así mismo estamos conectados todos en un equilibrio que debemos mantener tanto plantas, como animales, tierras, aguas, minerales y nosotros, los humanos. No porque queremos que el mundo se vea bonito, sino para vivir y sobrevivir.

Estamos en plena crisis ambiental y todos debemos afrontar la desagradable realidad del cochinero que hemos creado y que debemos responsabilizarnos de ello y cambiar YA. Aún tenemos tiempo de evitar el colapso. Pero ese tiempo de actuar se está acortando más rápido de lo previsto por las organizaciones científicas del mundo, y el problema está por desbordarse y salirse de lo que nuestras manos pueden contener.

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